Tras el prolongado despido, pude llegar al fin, mi pecho subía y bajaba producto de la agitación sufrida y recorrí sin perder más tiempo las habitaciones en silencio. No tardé en encontrarlo, vi su cabeza sobresaliendo tras el sillón en el cual se encontraba sentado. Demasiado pendiente de la lectura para escuchar mis pasos, demasiado sumiso para ver mi sombra y ya era demasiado tarde para detenerme y prohibir que mis manos estuvieran manchadas de su sangre.
Hola, comienzo a leerte, que buen relato, el de un cazador agazapado que logra, al fin, lo que se propuso. saludos Juno
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