domingo, 7 de julio de 2013

Okay.

Él la miró sin disidir el porqué de su actitud evasiva y un tanto fría, la observó queriendo también comprender la razón por la cual ella tapaba su rostro y aun así mantenía los ojos cerrados. No era evidente para él entender que ella solo intentaba tranquilizar estallidos de angustia que en su mente estallaban en colores blancos, dentro de una oscuridad que a su vez representaba su realidad.
Queriendo hacer sus manos a un lado, tomó sus brazos y, notando cómo ella se negaba rotundamente a la renuncia, reprimió la risa que el saber le provocó, pues nunca hubiera creído que podía resultar tan fuerte si se lo proponía. Tampoco podía creer que fuera tan tonta, que no contestara cuando se le estaba hablando y, en especial, que lograra hacerlo preocupar cuando no había nada de lo cual inquietarse.
Y cuando le preguntó que ocurría, ella respondió que era demasiado tonto como para poder decirle, probablemente se le pasaría como siempre ocurría y que se fuera como había dicho que lo haría. Por supuesto que al escucharla la soltó, pero para besarla, sostenerla un poco mejor entre sus brazos y pedirle por favor que parara. “Dale, contame que pasa”; no obstante los besos cesaron, el agarre siguió su mismo curso y finalmente ella se dejó escuchar, diciendo bajito:
—Cada vez que te vas, siento que podría ser la última vez. Lo siento como un para siempre aunque solo esté en mi cabeza, haciendo eco con cada beso, en cada susurro de tu voz. Me lastima, no sé. Pensar que tenemos muchas cosas para hacer pero todo se puede ir al carajo una vez que cruces esa puerta.
Mientras había estado hablando sus ojos se fueron abriendo y ahora lo único que había en su voz era la consecuencia que el hablar traía. El surgimiento de las luces blancas manifestándose en cada rincón, como un retroceso de emociones, reprimiendo y sacando a la luz recuerdos que… Y él estaba sonriendo, la miraba con ternura y ella frunció el ceño, sintiendo que su voz se quebraría si la volvía a invocar.
—Que tonta que sos, eh, y a su vez tan linda… No me voy a ningún lado, te lo prometo. Solo a mi casa, para poder hablar después a la tarde con vos, en la semana chatear un poco más y no sé, quítate esas ideas raras de la cabeza. No seas tonta, ¿podrías no serlo?
Era completamente absurdo pensar en un final cuando ninguno de ellos lo deseaba.
—No me extrañes —Agregó—. Tuvimos una semana de mierda, sí, pero acá estamos y hoy desperté con vos a mi lado y no hay nada que me haga más feliz que eso.
No obstante la conocía y ella era más que fingir una sonrisa. Pretendiendo que veía la tele, se quedó un rato más porque ¿acaso qué era estar a su lado si no era para sentir su respiración contra su nuca, saber que por más que no la viera ella probablemente estaba sonriendo? Y ese agarre abrazándolo por detrás… Qué absurdo podía resultar estar con ella.
Buscó la remera, luego se colocó el pantalón y mientras se ataba los cordones de las zapatillas la miró, ahí tendida en la cama, caprichosa como ella sola, perseguida como ninguna, era esperable saber que estaría así no importara cuánto dijese al respecto.
Antes de hablar, la llenó de besos.
—Bajá a abrirme.  

Siempre era raro besarlo con la angustia estropeando el tacto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario