Te vi ahí sentado a unos metros de mí, no notaste que yo te
miraba, tildada en un lugar que rebajaba mi inocencia por la realidad y,
pensando que eras perfecto, la situación resultó demasiada compleja para
dejarme sentir lo que veía. Estallidos de colores oscuros haciéndome recordar, pero
un cerrar de ojos, una muestra de
indiferencia y frustración y me dejaba lograr olvidar.
Ahí estabas, besándome despacio mientras nos extrañábamos,
temerosos del después y nos aferrábamos con nuestros labios, extendiendo
segundos de abrazos o repitiendo un sinfín de “te quiero”, en especial cuando a
la mañana abría los ojos y frente a mi estabas vos, con los ojos cerrados.
(Estallidos de colores…
que tengo que dejarme olvidar.)
que tengo que dejarme olvidar.)
Pero ya no habrá más mañanas con tu rostro pintado en luz
del despertar, tus brazos ya no me rodearán y me encontraré esperando un fin de
semana que nunca llegará.
Porque si antes te peleaba para que me abraces, ahora es para
alejarte y ya no verte más, duele pensar que ya no vas a estar a mi par, soy yo
quién queda a un costado.
Desde el presente pienso que en un futuro va a doler ver que
mires a alguien como en algún momento me mirabas a mí.
(Estallidos de colores…
azules, grises y apenas violetas,
me tengo que enseñar
a empezar a olvidar.)
azules, grises y apenas violetas,
me tengo que enseñar
a empezar a olvidar.)
Con la mirada triste intento hacer a un lado lo que mal me
hace, ya no habrá risas, ni peleas, ni un intentar adaptarme a alguien que ya
no estará. Antes de que yo logre olvidarte, serás vos quien logre olvidar…
comenzarás con las palabras porque qué son éstas sino sentimientos expresados en el momento. Si tiempo atrás me habías
afirmado que nunca nadie te va a querer como yo te quiero, entonces llegará un
momento donde no lo sentirás y extrañaré pensar que en aquel momento fue
verdad. Tendrás a alguien mucho más capaz, que te hará olvidar lo que yo te
hice sentir y pensarás en ello como un momento más.
Y desearía ser yo quien fuese la que está olvidando, pero lo
único que logro es el intentar.
Cuántas veces me hubiera gustado pedirte un momento más y
por un tonto “no lo quiero molestar” callé.
Cuando te abrazaba y besaba…
Te besaba tanto y vos no entendías cuando me enojaba, era
porque te separabas porque pensaba en lo mismo que ahora me encuentro pensando
y es que ya no te iba a tener más. Sabiendo perfectamente que todo tiene un fin
me hubiera gustado que vos pensaras también en ello y perdiéramos minutos y
horas besándonos porque ningún beso sabía igual al otro, al menos no para mí.
Y la angustia que ahora siento por el ayer sabe de un modo
tan extraño… No hay metáfora posible que exprese el dolor que en el pecho sentí
cuando tus palabras chocaron contra un muro que desde hacía tiempo había
comenzado a decaer. Débil por tus palabras que terminaron por convencerme, se
derrumbó con aquella verdad que puso un límite a lo que podía soportar.
Grité un montón y lloré y te insulté y nunca era suficiente,
tal era el dolor que no importaba cuánto hiciera seguía estando ahí. Y si yo
hacía todo eso era porque quería hacerte mal, capaz así yo lograra sentirme
mejor y siendo sincera, mucho no me importaba. Ya nada me importaba, me sentía
tan tonta saber que estaba poniéndome mal por eso, habiendo tantas cosas más
importantes…
Pero vos eras (sos) importante. Eras lo más importante que
tenía, la única esperanza en la cual creía.
Besaste cicatrices de odio, piel que atormenta cada día un
pesar que no puedo quitarme de encima, me hiciste creer en palabras que ya no sé
si son verdad porque quizás de serlo este sufrimiento no existiría y vos no te
hubieras ido. No, no, vos no estás. Decís que si para hacer liviana una carga
que ya dije que no me puedo quitar, no sé cómo. ¿Vas a estar cuando te quiera
besar? Y es algo tan tonto, sufrir al cambio, o quizás digo que lo es para
sentirme un poco mal, un poco bien, un poco de ambas, quiero hacer un
equilibrio y en este momento vuelve todo a ser como antes: imposible.
No quiero recordar más.
Esa noche en la cual corrimos y lloré y me costaba tanto
respirar… y vos no sabías que hacer, porque yo estaba reprimiendo un ataque de
esos horribles que me agarran y estaba riéndome y no podía hablar, era
horrible, me sentía terrible y no dejaba de reírme e intentar tomar aire. Pero
vos estabas ahí, queriéndome un poco más, estabas a mi lado.
Te creí cuando dijiste que íbamos a poder un poco más.
Cuando fue a vos a quién la tristeza le ganó yo estaba ahí y
te abracé mucho y no dije nada cuando me dijiste que nunca iba a ser como ella.
Sin saber qué hacer, no dudé en permanecer a tu lado cuando me pediste que me
fuera. ¿Cómo iba a poder hacerlo? No me quedé porque tenía qué, sino porque
quería de verdad.
Te creí cuando dijiste que íbamos a poder.
Ese fin de semana que juntos pasamos. Viniste, jugamos, te
reté, nos besamos, nos abrazamos, nos reímos cuando no debíamos y al día
siguiente salimos y la pasamos tan bien. Nos sacamos fotos, después fuimos a
tomar algo y nos reímos un poco más y volvimos a casa y no sabíamos qué íbamos
a comer y lo pasamos juntos igual.
Lloré mucho por lo que pasó y vos estabas ahí y me enojé
mucho cuando no me acompañaste y te reíste cuando no debías y me quisiste dejar
cuando no era el momento, pero después lo olvidé y compraste chocolate y te
acostaste a mi lado y es difícil hablar de principio a fin cuando los colores
estallan y no puedo organizar nada.
Te creí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario