sábado, 6 de julio de 2013

Electric Bloom.

Te vi ahí sentado a unos metros de mí, no notaste que yo te miraba, tildada en un lugar que rebajaba mi inocencia por la realidad y, pensando que eras perfecto, la situación resultó demasiada compleja para dejarme sentir lo que veía. Estallidos de colores oscuros haciéndome recordar, pero un cerrar de ojos, una  muestra de indiferencia y frustración y me dejaba lograr olvidar.
Ahí estabas, besándome despacio mientras nos extrañábamos, temerosos del después y nos aferrábamos con nuestros labios, extendiendo segundos de abrazos o repitiendo un sinfín de “te quiero”, en especial cuando a la mañana abría los ojos y frente a mi estabas vos, con los ojos cerrados.
(Estallidos de colores…
que tengo que dejarme olvidar.)
Pero ya no habrá más mañanas con tu rostro pintado en luz del despertar, tus brazos ya no me rodearán y me encontraré esperando un fin de semana que nunca llegará.
Porque si antes te peleaba para que me abraces, ahora es para alejarte y ya no verte más, duele pensar que ya no vas a estar a mi par, soy yo quién queda a un costado.
Desde el presente pienso que en un futuro va a doler ver que mires a alguien como en algún momento me mirabas a mí.
(Estallidos de colores…
azules, grises y apenas violetas,
me tengo que enseñar
a empezar a olvidar.)

Con la mirada triste intento hacer a un lado lo que mal me hace, ya no habrá risas, ni peleas, ni un intentar adaptarme a alguien que ya no estará. Antes de que yo logre olvidarte, serás vos quien logre olvidar… comenzarás con las palabras porque qué son éstas sino sentimientos expresados en el momento. Si tiempo atrás me habías afirmado que nunca nadie te va a querer como yo te quiero, entonces llegará un momento donde no lo sentirás y extrañaré pensar que en aquel momento fue verdad. Tendrás a alguien mucho más capaz, que te hará olvidar lo que yo te hice sentir y pensarás en ello como un momento más.
Y desearía ser yo quien fuese la que está olvidando, pero lo único que logro es el intentar.
Cuántas veces me hubiera gustado pedirte un momento más y por un tonto “no lo quiero molestar” callé.
Cuando te abrazaba y besaba…
Te besaba tanto y vos no entendías cuando me enojaba, era porque te separabas porque pensaba en lo mismo que ahora me encuentro pensando y es que ya no te iba a tener más. Sabiendo perfectamente que todo tiene un fin me hubiera gustado que vos pensaras también en ello y perdiéramos minutos y horas besándonos porque ningún beso sabía igual al otro, al menos no para mí.
Y la angustia que ahora siento por el ayer sabe de un modo tan extraño… No hay metáfora posible que exprese el dolor que en el pecho sentí cuando tus palabras chocaron contra un muro que desde hacía tiempo había comenzado a decaer. Débil por tus palabras que terminaron por convencerme, se derrumbó con aquella verdad que puso un límite a lo que podía soportar.
Grité un montón y lloré y te insulté y nunca era suficiente, tal era el dolor que no importaba cuánto hiciera seguía estando ahí. Y si yo hacía todo eso era porque quería hacerte mal, capaz así yo lograra sentirme mejor y siendo sincera, mucho no me importaba. Ya nada me importaba, me sentía tan tonta saber que estaba poniéndome mal por eso, habiendo tantas cosas más importantes…
Pero vos eras (sos) importante. Eras lo más importante que tenía, la única esperanza en la cual creía.
Besaste cicatrices de odio, piel que atormenta cada día un pesar que no puedo quitarme de encima, me hiciste creer en palabras que ya no sé si son verdad porque quizás de serlo este sufrimiento no existiría y vos no te hubieras ido. No, no, vos no estás. Decís que si para hacer liviana una carga que ya dije que no me puedo quitar, no sé cómo. ¿Vas a estar cuando te quiera besar? Y es algo tan tonto, sufrir al cambio, o quizás digo que lo es para sentirme un poco mal, un poco bien, un poco de ambas, quiero hacer un equilibrio y en este momento vuelve todo a ser como antes: imposible.
No quiero recordar más.
Esa noche en la cual corrimos y lloré y me costaba tanto respirar… y vos no sabías que hacer, porque yo estaba reprimiendo un ataque de esos horribles que me agarran y estaba riéndome y no podía hablar, era horrible, me sentía terrible y no dejaba de reírme e intentar tomar aire. Pero vos estabas ahí, queriéndome un poco más, estabas a mi lado.
Te creí cuando dijiste que íbamos a poder un poco más.
Cuando fue a vos a quién la tristeza le ganó yo estaba ahí y te abracé mucho y no dije nada cuando me dijiste que nunca iba a ser como ella. Sin saber qué hacer, no dudé en permanecer a tu lado cuando me pediste que me fuera. ¿Cómo iba a poder hacerlo? No me quedé porque tenía qué, sino porque quería de verdad.
Te creí cuando dijiste que íbamos a poder.
Ese fin de semana que juntos pasamos. Viniste, jugamos, te reté, nos besamos, nos abrazamos, nos reímos cuando no debíamos y al día siguiente salimos y la pasamos tan bien. Nos sacamos fotos, después fuimos a tomar algo y nos reímos un poco más y volvimos a casa y no sabíamos qué íbamos a comer y lo pasamos juntos igual.
Lloré mucho por lo que pasó y vos estabas ahí y me enojé mucho cuando no me acompañaste y te reíste cuando no debías y me quisiste dejar cuando no era el momento, pero después lo olvidé y compraste chocolate y te acostaste a mi lado y es difícil hablar de principio a fin cuando los colores estallan y no puedo organizar nada.

Te creí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario