jueves, 7 de junio de 2012

Silly Dream

Mica lo abrazó con vergüenza, calladita, sonriendo poquito para que él no viera lo feliz que su presencia le hacía. Sabía que él no la estaba mirando y que seguramente el toque no era especial, pero ella prefería no pensar en la realidad y enfocarse en la dulce mentira que su mente elaboraba con delicadeza. No era una ilusión, más bien una necesidad para no pedir permiso, ir hasta el baño y llorar desconsoladamente, como era que siempre hacía.
A él seguramente no le interesaba. Ella era fea, gorda y estúpida. Ella no servía. Ella es torpe. Ella es fea. Ella ocupa mucho espacio como para que él necesite buscarla. Ella está ahí, siempre está y seguramente eso a él le molesta. Mica intentó esconderse entre sus brazos y se sorprendió cuando él acarició su cabello, con dulzura, con tranquilidad. ¿Acaso era su mente? ¿A qué punto había llegado?
Pero no lo era y eso era lo más grandioso de todo.
—Te quiero mucho.
Mica cayó.
—En serio, tonta.
Mica no dijo nada.
—Más que a nadie.
Y Mica empezó a llorar, porque su mente era cruel y él no estaba diciendo esas palabras. El nunca podrías decirlas. Nico no podría jamás fijarse en ella más de lo que ya hace, ya que ella es muy grande, es muy gorda, muy fea y es imposible no mirarla más que con asco.
—Respondeme, boba.
Y Mica no dijo nada y lloró en silencio, aferrándose intencionalmente a él con fuerza.
—Mica... Mica... Micaela... Che, escuchame, tonta, ¿qué pasa?
Se guardó el llanto, las palabras, una verdad que nunca él debería escuchar.
—Nada... En serio.
Y cuando abrió los ojos se dio cuenta que Nicolás no estaba abrazándola, que aún estaban en la clase de Historia y que él continuaba con los labios pegados, mirando a Flor, la chica de la cuál está enamorado.

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