No pido una muerte lenta, no pido una muerte dolorosa, no pido una muerte que venga con el tiempo, no pido estar caminando por la calle y que un auto se atreviese en el camino y de Paula no sepan nunca más. ¿Podría recibir un último regalo por parte del cielo? Porque yo deseo que al dormir mi descanso sea eterno, saber que aquel cerrar de ojos será el último y no habrá un nuevo día y no habrá una puesta del sol, tampoco habrá amigos que se preocupen por lo innecesaria que mi vida es, y si para aquel momento tengo alguien a mi lado, intentaré recordar sin extrañar lo que sus besos significan para mi y hundirme en ese mar de pensamientos que estallan como fuentes de colores en la oscuridad que los ojos cerrados proyectan. Quiero nadar en palabras olvidadas y sonrisas que alguna vez fingí. Y probablemente recordaré todo lo malo, las veces que lloré, las veces que miré el filo deslizarse por mi piel y como en un grito desesperado de dolor yo deseaba que alguien me detuviera... un alguien que nunca apareció. Recordaré las veces que quise que las cosas mejoraran y ningún milagro apareció, ¿recordaré todas las situaciones que tanto mal me hicieron? Un beso que no acepté, un corazón que rompí, una amiga que tanto amé, un novio que tanto luchó... Y probablemente no lamente no despertar más, me alegraré por ellos que ya no tienen que cargar con el peso de mi amistad, de mi presencia; pero lo que a mi corazón le dolerá serán todas las mentiras que he dicho, todo el enojo que he provocado y las preocupaciones que mi manera de ser han dejado en los demás.
Si soy una carga, ya no lo seré más. Si soy una molestia, ya no se deberían preocupar. Y si lastimo, ya habrá tiempo sin mi presencia que tendrán para sanar.
Y me despediré de igual manera en la que cerraré mis ojos y lloraré en silencio y me despediré en un murmullo inevitable y disimulado que esconderá disculpas y rencor, porque nunca hubo nadie para salvarme de los recuerdos que me ahogaban con semejante densidad.
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