lunes, 24 de junio de 2013

Besó sus labios color carmín con la suavidad de la primera vez, dejando a su vez que sus manos temblorosas la tomaran de la cintura en un gesto inconsciente, queriendo decirle que por favor no la rechazara. Era muy pronto para escapar.
Con los ojos cerrados consiguió la habilidad de sentirla y dejar ya de pensar. Ningún adjetivo lograría catalogar en su mente lo que en aquel momento experimentó mientras ella correspondía y a su vez aceptaba aquel apego que sus cuerpos pedían.
Habían dejado que las adversidades tomaran control de sus vidas, separándolas en caminos diferentes que ni siquiera eran capaces de rozarse y lo que antes había sido una sonrisa ahora no era más que el recuerdo del ayer.
Continuó besándola, con miedo de que al separarse, aquel momento también las separara a las dos teniendo  que volver a comenzar, esta vez saliendo las cosas igual de mal. Pero era obvio que tarde o temprano tendrían que hacerlo, y no pudo evitar que ella se hiciera a un lado. ¿Acaso debería abrir los ojos, enfrentar la realidad con una respuesta del azar? Finalmente lo hizo y se sorprendió cuando logró ver en ella una sonrisa sincera capaz de tranquilizar cualquier temor de su parte y no fue necesario una palabra, una pregunta para calmar el ambiente ya que éste se encontraba calmado desde hacía tiempo y ninguna de ellas logró darse cuenta del cambio, demasiado ensimismadas en el pasado.

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