domingo, 8 de abril de 2012

Is it a progression if a cannibal uses a fork;

Esto es lo que me provocó leer Rayuela. Una cagada la verdad.
Frerard, por si no es obvio.

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El tendría que haber previsto la reacción que Jamia tendría. Si. Tendría. Pero no. Quizás por las circunstancias, ya que todo había ocurrido tan rápido... Había estado tanto tiempo frente al espejo, modulando palabras que dolerían menos (para al fin y al cabo decir la misma mierda. Era absurdo.) Pero finalmente soltó la primera porquería que por su mente cruzó. Se sentía un hijo de puta, y si ella continuaba llorando como lo hacía ahora mismo (tranquila, ya pasó, te quiero, te quiero. Lilly, Cherry, ellas estarán bien. Shh... Ya pasó, amor.) él también lloraría junto con ella, por estrés y porque a pesar de todo era buena persona, ¿No? Si. No. Si...

No, la verdad que no. Que porquería.
La deshidratación que sufriría esa mujer. Por Dios.  Y ellas no son buenas así, sería mejor buscar algo de agua y tendérselo con cuidado desde la distancia, no fuera cosa que, en un ataque de histeria, se lo tirara por la cabeza y todo se fuera a la puta madre que lo parió.

Aunque hubiera deseado escucharla, no podía hacerlo y eso lo hacía sentirse peor. Creía haber escuchado algunos murmullos, como “Hijo de puta” y la típica “¿Qué hice mal?” Llanto. Llantos. Lágrimas. Mejillas húmedas, ojos mojados.

Hubiera deseado pedirle disculpas, también en murmullo para no alterar el orden de la situación. Cuestión de respeto.

Todo era culpa de Gerard, había dicho Mikey y entonces todos habían reído... Hijo de puta. De verdad era su culpa, con esa sonrisa inocente y sus gemidos contagiosos lo había enamorado. Escucharlo era un verdadero espectáculo y el pudor no se presentaba hasta después del sexo. No debería sorprenderse, era un cantante excepcional, gemidos melódicos... Pero lo hacía. Se excitaba con tan solo verlo morderse el labio para no exclamar su nombre.

Estúpido. Idiota. Imbécil. Hijo de puta. La concha de tu hermana, Gerard Arthur Way.

Ahora no le daba gracia. Mikey idiota, Ray metido. Y Jamia, la pobre Jamia. Shh... Que sigue llorando, hay que tenerle un poco de respeto y ser prudente, no va a ser necesario para ella tener un vaso de agua, con lágrimas y todo va a cagarlo a trompadas, eso es seguro.

Cerró los ojos. Tenía tiempo, lo suficiente para dejar que su mente le reviviera el primer encuentro con Gee. Estaban en una habitación, hablando, riendo un poco, pero sobre todo escuchando y preguntándose si ese chico tomaba la medicina que los médicos le recetaban... Porque alguien así debía estar bajo cuidado de médicos.
Más tarde se dio cuenta lo equivocado que estaba.

—Me gusta dibujar.
—Eso es genial, ¿qué clase de cosas?
—No lo sé, a veces todo se torna trágico, otras veces es tan bizarro que no puedo explicar con palabras su significado, sabes.
—Claro.

Mentira.
No sabía de qué carajos estaba hablando.
Se acercó un poco más, solo para olfatear marihuana... Ese chico debía estar bajo algún efecto.

—¿Conociste a mi hermano?
—¿La lesbiana?

Gerard arrugó el ceño y, antes de que Frank pudiera disculparse, comenzó a reir.

—Odia ese estúpido corte, pero no confía en los peluqueros y creo que pretende parecerse a mi —Había algo en él, esa sonrisita modesta, la aura de hermano mayor que pretende ser una inspiración... En cierto modo era tierno.
—Entonces si lo conozco —Respondió Frank—. De cualquier manera vos y él son bastante parecidos, no sé... Quizás por esa sonrisita de virgen.
—No soy virgen.
—Lo parece.
—Lo hice con muchas chicas.
—Y yo con chicos —Espetó al instante, solo para ganar un terreno que nunca había querido obtener, una medalla imaginaría que jamás aceptaría, un sin fin y...

La laguna allí estaba de nuevo, las casualidades de la vida se hacían presentes y ahora Gerard lo besaba con timidez, rudeza, era un idiota, un mal educado, pero sus manos acariciaban el miembro ajeno con tan experiencia que...

Palabras sueltas, gemidos ajenos. Si, ah, si. Gerard, no... Mnh, si... Ah.

Y Mikey...


El sexo casual había sido con Gerard, el enamoramiento atolondrado con su hermano menor. Ganaste la lotería Frank, te cagaste y ahora estás enamorado de la lesbiana. Já, la lesbiana... Mikey no va a dejar de odiarlo si continúa diciéndole así.
Ahora qué, si qué. Mirar por la ventana, prender un cigarrillo, negar con la cabeza cuando se mira el teléfono para no llamar a Andrew, antiguo compañero drogadicto, un solo llamado y podría tener marihuana ahí mismo. Pero no, /tenía/ que hacerlo por Lilly, Cherry—ellas eran importantes. Más que Mikey, Gerard, Jamia, lo podría hacer por su madre, no obstante, no es lo mismo. Las hijas, las madres, las (los) amantes.
Nicotina nocturna, compañera de andanzas. Siempre una nueva... No da orgasmos pero si la solución que busca: Olvidar. Chau, beso, cuidate.

Y Gerard...

Frank caminó tranquilo, qué mas daba, eran las dos de la mañana y, si debía de ser sincero, para él eran las tres de la tarde. El frío tosco se le metía en los huesos, mierda, iba a enfermarse y tendría que cuidarlo... Nadie, en realidad. Jamia le iba a tirar la casa por la cabeza y después de lo sucedido, ninguno de los hermanos Way se le iba a acercar. Podría invitar a Ray, pero eso significaba dar respuestas a preguntas que no quería si quiera escuchar.

Y Mikey...

Cuando apagó el cigarrillo (mirando hacia el suelo, uno, dos, tres... estaba como borracho. Se sentía deshidratado.) y levantó la vista, esperó todo (y ese “todo” era la nada misma) menos a Mikey, ensangrentado, llorando y con la piel temblando.

—Que mierda... ¿Qué carajos pasó?

Mikey no contestó, solo lo miró con esos ojitos. Esos ojos... cachorrito. Daban ganas de besarlo, arroparlo y hacerle el amor durante toda la noche.

—Gerard.
—¿Eh?
—Gerard me golpió.
—¿Me estás jodiendo?
—No, no. En realidad no me quejo, él está igual que yo, pero le sangra la nariz, no el labio. Creo que le rompí el tabique, no sé.

Frank solo abrió los ojos exaltado y jaló al menor de tal forma que cayó sobre el sofá.

—Te quedás acá. No te muevas.

Volvió minutos más tarde con hielo, toallas, algodón, alcohol y un paquete de cigarrillos. Primero le tendió a Mikey el hielo, y él mismo se encargó de limpiar con alcohol la sangre que bombeaba hacia el exterior.
Que pendejo de mierda, pensó, los dos, uno más pelotudo que el otro. Gerard retrasado, Mikel pendejo. Uno peor que el otro, que hijos de...

—¿Me querés explicar qué mierda pasó?
—Lo de siempre.
—¿¡Siempre!? ¿¡Me estás jodiendo!?
—Sabés, no sé vos, pero no es la primera vez que exclamás eso y...
—Callate, Michael y me contás que mierda pasó y que es eso de “lo de siempre”, porque te juro (y te lo juro, Mikey eh) que si por siempre hablamos, nunca te vi así. Que se yo, vivo en el siempre no, en la vida, contame como corresponde y no seas boludo.
—Vos.
—Eh...
—Vos, peleamos por vos. No soporto que él te tenga, aunque en realidad él no te tiene, ¿me entendés? Yo se que estás enamorado de mi y... —Respiró, no lo estaba mirando—. Soy el peor hermano del mundo.
—Seguí contandome...
—Te quiero, me gustás y soy egoísta. La peor combinación. El te ama, está enamorado; yo te quiero y solamente me gustás, pero no podía soportarlo. No sé.
—¿Gustás de...?
—Si, Frank.
—Pero...
—Si, Frankie...

Frankie. Sonrió.
Le hizo el amor y hubo algo que no estaba en sus planes y era lo más importante de la noche. La emoción, se mintió a si mismo diciendo que había disfrutado cuando la realidad era diferente. Pensaba en Gerard, la culpa, el amor, el odio, Gerard, gemidos, Gerard y él... Mikey...

—No te gusto.
—No.

Mikey hijo de puta, Mikey resentido, Mikey sos muy mierda. No tomés más que le hacés un favor al mundo y a vos mismo, porque ambos sabemos que mañana te vas a acordar y me vas a pedir disculpas hasta ese punto que me dan ganas de golpearte, entonces empezás de nuevo, pero esta vez pidiéndome disculpas por ser tan molesto y el circuilo vicioso nunca se cierra. Es vicioso de todas maneras. Vicioso. Vicio. Sos mi vicio.

Y Gerard...

Qué mierda no, porque debería sentirse mal y no se siente mal. Que él le haya dicho sin preámbulos que no le gusta al fin y al cabo (pendejo caprichoso) no le generó nada, es más, fue como si una parte de él (parte viscosa, como musgo) se hubiera disuelto y era irónico que Gerard hubiera aparecido en su mente luego de tres meses sin hablar con él.

Tres meses y ya, porque lo encontró finalmente, casualidad no, destino tampoco, Mikey y Ray se llamaba. Hermano menor que hace las pases, hermano mayor que sale ganando. Y Ray, ah, Ray también ganaba, el pobre, enamorado de Mikey todo ese tiempo y nunca lo dijo. Boludo tenía que haber nacido. No había otra.

Pensando que iba a tomar un poco de café y fumar otro tanto de cigarrillos, se encontró con dos sorpresas: A Gerard, con una sonrisa nerviosa (y el labio partido, ¿no había sido solo la nariz, Michael?) y que el café había sido una excusa para él y un droga necesitada para Gerard y su necesidad de aclarar términos.
La tercera e invisible sorpresa fue que la estancia en el café duró un pestañeo y el hablar no fue más que gemidos incesables, dignos de perdón.
Sus manos (Gerard...), decía, su manos correteaban y (No, si, no, si, si ... No puedo, tengo que--) estaba allí pero no estaba, aunque no lo miraba lo tenía presente y eso era la perfección, poder memorizar su rostro, cada parte de (un jadeo más y jamás lo olvidaría) de su... (suspiro), y la sonrisa... (esa sonrisa, era compartida, que lindo que sos).


El sexo puede ser de utilidad si se lo utiliza como es debido, hay que darle el espacio necesario y las caricias solicitadas, sino se va al carajo. Están sudados, cansados y un tanto pegajosos, pero Frank no va a soltarlo; ponele la firma. La respiración de Gerard acariciando su cuello cual brisa en verano es una completa delicia y a él eso le encanta. Es un goloso. Necesita tanto del amor (su respiración...) que la sola falta de él (... acariciando cual melodía...) significaría la falta de... (;Gerard, amor, no...)

El amor se siente con dolor propio de la rudeza que la misma palabra significa. Y ahora, con él entre sus brazos, puede dormir finalmente en paz. Su mente lo está.






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