Esto es lo que me provocó leer Rayuela. Una cagada la verdad.
Frerard, por si no es obvio.
El tendría que
haber previsto la reacción que Jamia tendría. Si. Tendría. Pero no. Quizás por
las circunstancias, ya que todo había ocurrido tan rápido... Había estado tanto
tiempo frente al espejo, modulando palabras que dolerían menos (para al fin y
al cabo decir la misma mierda. Era absurdo.) Pero finalmente soltó la primera
porquería que por su mente cruzó. Se sentía un hijo de puta, y si ella
continuaba llorando como lo hacía ahora mismo (tranquila, ya pasó, te quiero,
te quiero. Lilly, Cherry, ellas estarán bien. Shh... Ya pasó, amor.) él también
lloraría junto con ella, por estrés y porque a pesar de todo era buena
persona, ¿No? Si. No. Si...
No, la verdad
que no. Que porquería.
La
deshidratación que sufriría esa mujer. Por Dios. Y ellas no son buenas así, sería mejor buscar
algo de agua y tendérselo con cuidado desde la distancia, no fuera cosa que, en
un ataque de histeria, se lo tirara por la cabeza y todo se fuera a la puta
madre que lo parió.
Aunque hubiera
deseado escucharla, no podía hacerlo y eso lo hacía sentirse peor. Creía haber
escuchado algunos murmullos, como “Hijo de puta” y la típica “¿Qué hice mal?”
Llanto. Llantos. Lágrimas. Mejillas húmedas, ojos mojados.
Hubiera deseado
pedirle disculpas, también en murmullo para no alterar el orden de la
situación. Cuestión de respeto.
Todo era culpa
de Gerard, había dicho Mikey y entonces todos habían reído... Hijo de puta. De
verdad era su culpa, con esa sonrisa inocente y sus gemidos contagiosos lo había
enamorado. Escucharlo era un verdadero espectáculo y el pudor no se presentaba
hasta después del sexo. No debería sorprenderse,
era un cantante excepcional, gemidos melódicos... Pero lo hacía. Se excitaba
con tan solo verlo morderse el labio para no exclamar su nombre.
Estúpido.
Idiota. Imbécil. Hijo de puta. La concha de tu hermana, Gerard Arthur Way.
Ahora no le
daba gracia. Mikey idiota, Ray metido. Y Jamia, la pobre Jamia. Shh... Que
sigue llorando, hay que tenerle un poco de respeto y ser prudente, no va a ser
necesario para ella tener un vaso de agua, con lágrimas y todo va a cagarlo a
trompadas, eso es seguro.
Cerró los ojos.
Tenía tiempo, lo suficiente para dejar que su mente le reviviera el primer
encuentro con Gee. Estaban en una habitación, hablando, riendo un poco, pero
sobre todo escuchando y preguntándose si ese chico tomaba la medicina que los
médicos le recetaban... Porque alguien así debía estar bajo cuidado de médicos.
Más tarde se
dio cuenta lo equivocado que estaba.
—Me gusta
dibujar.
—Eso es genial,
¿qué clase de cosas?
—No lo sé, a
veces todo se torna trágico, otras veces es tan bizarro que no puedo explicar
con palabras su significado, sabes.
—Claro.
Mentira.
No sabía de qué
carajos estaba hablando.
Se acercó un
poco más, solo para olfatear marihuana... Ese chico debía estar bajo algún
efecto.
—¿Conociste a
mi hermano?
—¿La lesbiana?
Gerard arrugó
el ceño y, antes de que Frank pudiera disculparse, comenzó a reir.
—Odia ese
estúpido corte, pero no confía en los peluqueros y creo que pretende parecerse
a mi —Había algo en él, esa sonrisita modesta, la aura de hermano mayor que
pretende ser una inspiración... En cierto modo era tierno.
—Entonces si lo
conozco —Respondió Frank—. De cualquier manera vos y él son bastante parecidos,
no sé... Quizás por esa sonrisita de virgen.
—No soy virgen.
—Lo parece.
—Lo hice con
muchas chicas.
—Y yo con
chicos —Espetó al instante, solo para ganar un terreno que nunca había querido
obtener, una medalla imaginaría que jamás aceptaría, un sin fin y...
La laguna allí
estaba de nuevo, las casualidades de la vida se hacían presentes y ahora Gerard
lo besaba con timidez, rudeza, era un idiota, un mal educado, pero sus manos
acariciaban el miembro ajeno con tan experiencia que...
Palabras
sueltas, gemidos ajenos. Si, ah, si. Gerard, no... Mnh, si... Ah.
Y Mikey...
El sexo casual
había sido con Gerard, el enamoramiento atolondrado con su hermano menor.
Ganaste la lotería Frank, te cagaste y ahora estás enamorado de la lesbiana.
Já, la lesbiana... Mikey no va a dejar de odiarlo si continúa diciéndole así.
Ahora qué, si
qué. Mirar por la ventana, prender un cigarrillo, negar con la cabeza cuando se
mira el teléfono para no llamar a Andrew, antiguo compañero drogadicto, un solo
llamado y podría tener marihuana ahí mismo. Pero no, /tenía/ que hacerlo por
Lilly, Cherry—ellas eran importantes. Más que Mikey, Gerard, Jamia, lo podría
hacer por su madre, no obstante, no es lo mismo. Las hijas, las madres, las
(los) amantes.
Nicotina
nocturna, compañera de andanzas. Siempre una nueva... No da orgasmos pero si la
solución que busca: Olvidar. Chau, beso, cuidate.
Y Gerard...
Frank caminó
tranquilo, qué mas daba, eran las dos de la mañana y, si debía de ser sincero,
para él eran las tres de la tarde. El frío tosco se le metía en los huesos,
mierda, iba a enfermarse y tendría que cuidarlo... Nadie, en realidad. Jamia le
iba a tirar la casa por la cabeza y después de lo sucedido, ninguno de los
hermanos Way se le iba a acercar. Podría invitar a Ray, pero eso significaba
dar respuestas a preguntas que no quería si quiera escuchar.
Y Mikey...
Cuando apagó el
cigarrillo (mirando hacia el suelo, uno, dos, tres... estaba como borracho. Se
sentía deshidratado.) y levantó la vista, esperó todo (y ese “todo” era la nada
misma) menos a Mikey, ensangrentado, llorando y con la piel temblando.
—Que mierda...
¿Qué carajos pasó?
Mikey no
contestó, solo lo miró con esos ojitos. Esos ojos... cachorrito. Daban ganas de
besarlo, arroparlo y hacerle el amor durante toda la noche.
—Gerard.
—¿Eh?
—Gerard me
golpió.
—¿Me estás
jodiendo?
—No, no. En
realidad no me quejo, él está igual que yo, pero le sangra la nariz, no el
labio. Creo que le rompí el tabique, no sé.
Frank solo
abrió los ojos exaltado y jaló al menor de tal forma que cayó sobre el sofá.
—Te quedás acá.
No te muevas.
Volvió minutos
más tarde con hielo, toallas, algodón, alcohol y un paquete de cigarrillos.
Primero le tendió a Mikey el hielo, y él mismo se encargó de limpiar con
alcohol la sangre que bombeaba hacia el exterior.
Que pendejo de
mierda, pensó, los dos, uno más pelotudo que el otro. Gerard retrasado, Mikel
pendejo. Uno peor que el otro, que hijos de...
—¿Me querés
explicar qué mierda pasó?
—Lo de siempre.
—¿¡Siempre!?
¿¡Me estás jodiendo!?
—Sabés, no sé
vos, pero no es la primera vez que exclamás eso y...
—Callate,
Michael y me contás que mierda pasó y que es eso de “lo de siempre”, porque te
juro (y te lo juro, Mikey eh) que si por siempre hablamos, nunca te vi así. Que
se yo, vivo en el siempre no, en la vida, contame como corresponde y no seas
boludo.
—Vos.
—Eh...
—Vos, peleamos
por vos. No soporto que él te tenga, aunque en realidad él no te tiene, ¿me
entendés? Yo se que estás enamorado de mi y... —Respiró, no lo estaba mirando—.
Soy el peor hermano del mundo.
—Seguí
contandome...
—Te quiero, me
gustás y soy egoísta. La peor combinación. El te ama, está enamorado; yo te
quiero y solamente me gustás, pero no podía soportarlo. No sé.
—¿Gustás de...?
—Si, Frank.
—Pero...
—Si, Frankie...
Frankie.
Sonrió.
Le hizo el amor
y hubo algo que no estaba en sus planes y era lo más importante de la noche. La
emoción, se mintió a si mismo diciendo que había disfrutado cuando la realidad
era diferente. Pensaba en Gerard, la culpa, el amor, el odio, Gerard, gemidos,
Gerard y él... Mikey...
—No te gusto.
—No.
Mikey hijo de
puta, Mikey resentido, Mikey sos muy mierda. No tomés más que le hacés un favor
al mundo y a vos mismo, porque ambos sabemos que mañana te vas a acordar y me
vas a pedir disculpas hasta ese punto que me dan ganas de golpearte, entonces
empezás de nuevo, pero esta vez pidiéndome disculpas por ser tan molesto y el
circuilo vicioso nunca se cierra. Es vicioso de todas maneras. Vicioso. Vicio.
Sos mi vicio.
Y Gerard...
Qué mierda no,
porque debería sentirse mal y no se siente mal. Que él le haya dicho sin
preámbulos que no le gusta al fin y al cabo (pendejo caprichoso) no le generó
nada, es más, fue como si una parte de él (parte viscosa, como musgo) se
hubiera disuelto y era irónico que Gerard hubiera aparecido en su mente luego
de tres meses sin hablar con él.
Tres meses y
ya, porque lo encontró finalmente, casualidad no, destino tampoco, Mikey y Ray
se llamaba. Hermano menor que hace las pases, hermano mayor que sale ganando. Y
Ray, ah, Ray también ganaba, el pobre, enamorado de Mikey todo ese tiempo y nunca lo dijo. Boludo tenía que haber nacido. No había otra.
Pensando que
iba a tomar un poco de café y fumar otro tanto de cigarrillos, se encontró con
dos sorpresas: A Gerard, con una sonrisa nerviosa (y el labio partido, ¿no
había sido solo la nariz, Michael?) y que el café había sido una excusa para él
y un droga necesitada para Gerard y su necesidad de aclarar términos.
La tercera e
invisible sorpresa fue que la estancia en el café duró un pestañeo y el hablar
no fue más que gemidos incesables, dignos de perdón.
Sus manos (Gerard...), decía, su manos correteaban y (No, si, no, si, si ... No puedo, tengo que--) estaba allí pero no estaba,
aunque no lo miraba lo tenía presente y eso era la perfección, poder memorizar
su rostro, cada parte de (un jadeo más y jamás lo olvidaría) de su... (suspiro),
y la sonrisa... (esa sonrisa, era
compartida, que lindo que sos).
El sexo puede
ser de utilidad si se lo utiliza como es debido, hay que darle el espacio
necesario y las caricias solicitadas, sino se va al carajo. Están sudados, cansados
y un tanto pegajosos, pero Frank no va a soltarlo; ponele la firma. La
respiración de Gerard acariciando su cuello cual brisa en verano es una
completa delicia y a él eso le encanta. Es un goloso. Necesita tanto del amor
(su respiración...) que la sola falta de él (... acariciando cual melodía...)
significaría la falta de... (;Gerard, amor, no...)
El amor se
siente con dolor propio de la rudeza que la misma palabra significa. Y ahora,
con él entre sus brazos, puede dormir finalmente en paz. Su mente lo está.

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