lunes, 26 de marzo de 2012

You don't need me and it's ok.

I fuck up everything, I said, so I'll try again. 

La realidad equivale a la mirada que cada uno tiene sobre la vida. No podía ser de otra manera. Es así. Por lo menos en su realidad lo (es) era. La realidad. ¿Qué? Nada. Realidad. La palabra se encontraba en su diccionario aunque tachada incontables veces ya que la odiaba. Si. A la palabra, su significado, su intento repulsivo de alejarlo de la imaginable felicidad.
Las gotas de lluvia caían y chocaban contra los vidrios del edificio, tan fuerte que sus pensamientos quedaban tapados por agua y truenos, no obstante, lejos estaba de lamentarlo. Al contrario. Si no podía oír sus penas la conciencia se relajaba. El subconsciente queda cubierto de humedad... una, dos, tres;  las gotas continúan y las razones se pierden.
Escuchó las frasadas despegarse de la cama y, segundos más tarde, el aliento de Gerard chocaba contra su nuca, se hacía a un lado hasta quedar como compañía de la propia y descansaba en un mar de miradas y tics nerviosos que no dejaban de molestarlo en algún lugar de su mente.

—Mikey me contó... —Susurró con un deje de culpabilidad. Estaba pidiendo disculpas por un rechazo ajeno y a Frank eso le molestaba. Si pudiera levantarse para tomar la taza de café, lo haría, pero no le sobran ganas porque ni siquiera las tiene —. Solo es cuestión de tiempo.— Continuó y estaba sonriendo. Una sonrisa reconciliadora, de esas que pretenden hacerse pasar por consuelo. Era patético.
—Da lo mismo, Gerard —. Que extraño sonaba su nombre ahora que lo pensaba, siempre era el diminutivo, ya que expresan cariño, amor... amor. No quería saber absolutamente nada con esa palabra —Es una mierda, si, pero qué más da. Mikey me va a odiar. Ese estúpido de Andrew... 

Café. Cafeína. Tazas. Dos tazas de café con mucha cafeína. Eso era lo que su cuerpo pedía y su mente rogaba; aunque era un arma de dos filos. La abstinencia que dicha bebida provocaba en él, desaparecería no sin antes dejar atrás (y eso era malo, muy malo) energías suficientes que su cerebro necesitaba para volver a funcionar y... Mierda. Mierda. Mierda. No. No necesitaba que así fuera. Se estaba mejor dormido, así las palabras de "Yo a ti no te quiero" no volverían a resonar en su mente.

—Andrew es un hijo de puta —Finalizó Gerard—. Lo sé más que nadie y por eso digo que Mikey se terminará dando cuenta y, mierda Frank, es obvio que te elegirá a ti.

Cuando las palabras recorrieron su garganta, sintió como ésta se desgarraba. Toció. Estaba bien, ¿entonces, de qué se trataba todo el tinte depresivo inconsciente con el cual las palabras se habían hecho notar? 
A veces las preguntas eran más estúpidas que las respuestas. 

—Quizás —Tomó uno de los cigarrillos y lo encendió con indiferencia—. Ya te dije, da lo mismo. Fuck him.

Le gustaba su voz, los labios moviéndose de manera melodiosa sobre el aire, las palabras describían círculos perfectos y otras, cuadrados razonables. Cuando eran círculos la gama de interpretación era mayor, infinita; en cambio, cuando eran cuadrados, solo había una única manera de interpretar el razonamiento. Tal como ahora. 
Las palabras de Frank decían más de lo que él pretendía. Lo conocía tanto que dolía.

—Frank...

El aludido lo miró por primera vez en toda la noche, sonrió con tranquilidad fingida y finalmente abandonó la  última dosis de nicotina nocturna. 

—Es hora de dormir.

El sueño y la noche no eran compañías necesarias, salvo -como ahora-, cuando la angustia sobrepasaba límites insospechados. 

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