Soy parte de un todo, y la vez no pertenezco a nada. No es ilógico, pero quizás -seguramente- incompresible en muchos aspectos. Me encuentro en el mundo, dentro de una familia, un grupo de amigos, pero no es como si realmente estuviera allí. Debería sentirme cómoda con mi entorno, sin embargo estoy lejos de eso.
Cuando caí que al fin tenía de donde aferrarme, la idea se desvaneció de manera semejante a un puñado de arena. Tampoco estoy feliz, aunque no niego estarlo en ocaciones. ¿Pero es una felicidad temporal verdadera? No. Claro que no. No es más que una ilusión. Estamos obligados por costumbre a definir la sensación de conformidad como si se tratara de felicidad. La felicidad es una utopía, pero deja de serlo cuando verdaderamente deseamos cambiar.

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