Eso es lo que él quiere y desea una y otra vez en su vida.
Pero no, él se ve al espejo y llora, desvía la mirada con un nudo en la garganta y emplea una y mil maneras de verse diferente, y llora nuevamente hasta cansarse, como si fuera lo único que sabe hacer (y lo sabe, comprende que su trabajo en la vida es rendirse y lagrimear). Quiere arreglar las cosas con su familia, pero ellos no comprenden, no lo entienden y los gritos se hacen presentes. ¡Ah, Nico! Que idiota eres, ¿pensabas acaso que todo se solucionaría con vos pidiendo disculpas, abrazando a tu madre e intentando entablar conversación con tu padre? Ahora sabes que ha sido innecesario, que has perdido, porque vos siempre sos el que pide disculpas y tu padre siempre será el que no escucha.
Nico, Nico, Nico, vos que te sentís tan solo, tus amistades no te duran y tampoco quieres que lo hagan. No los quieres cerca porque los odias, solo te traen problemas, y vuelves a llorar. Que hipócritas que son todos, te das la vuelta y te clavan el puñal por la espalda; qué egoístas, hablas de tus problemas y al final sos el que termina escuchando y el nudo en la garganta se hace más patente. Ya no podés llorar, aunque quisieras. Lees, estás en internet, jugás un poco... Pero nada te calma, querés romper todo, insultarlos, decirle a cada una de esas personas que te molestan todos sus errores (como si vos no tuvieras ninguno, pero a vos no te importa, solo querés decirle en la cara que te hacen la vida miserable y que si fueran menos egoístas e idiotas todo se calmaría en vos). Pensás en lastimarte a vos mismo, es lo último que te queda, deslizar el cuter por tu muñeca como hace meses no lo hacés, extrañás sentirte a salvo, extrañás la sensación de desahogo a través del dolor físico, porque es más soportable que el interior. Sonreís, llorás, todo al mismo tiempo.
No por hoy, quizás mañana estés mejor.
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